Hace 15 años trabajaba en el área de selección de personas de una organización grande. Un día, una trabajadora recién incorporada se acercó a pedirme, muy sigilosa, si podía darle retroalimentación de la evaluación psicolaboral con la que había quedado seleccionada.
Accedí, y coordinamos una reunión para unos días después. Mi jefa rápidamente dejó en claro que sería una excepción:
“nosotros no dábamos feedback a los evaluados”.
Esa frase me generó una tensión que no pude ignorar. Hablé con ella, le planteé que no me parecía justo que las personas evaluadas no tuvieran acceso a esa información. Algo se movió, a mi jefa le hizo sentido el argumento y logramos que de ahí en adelante, quien lo solicitara, pudiera tener una devolución.
Pero me quedaba una pregunta mayor: ¿qué pasaba con los que no habían sido seleccionados?
Ellos, más que nadie, habrían necesitado esa información para entenderse mejor, para llegar con más claridad a la próxima oportunidad.
Muchos años después, yo mismo viví el otro lado. Postulé a un proyecto y no quedé seleccionado; pero en el proceso me fueron informando todo el tiempo del progreso de cada etapa y las razones que determinaron la decisión. Lo entendí, lo agradecí, y seguí adelante. Lo que no esperaba era que, poco después, esa misma persona me llamara para invitarme a ser parte de su equipo.
Algo había pasado en esa conversación. Algo que fue más allá de si yo cumplía o no el perfil.
Creo que fue esto: en ese espacio se generó una conversación real. No solo una evaluación. Y eso dejó una huella en los dos. Nos encontramos en lo que a ambos nos importaba más, había un motor común desde un lado y el otro de ese diálogo.
Esa entrevista fue mi entrada al equipo de Singulares.
La búsqueda de talentos es un camino de dos vías. Constantemente corremos el riesgo de olvidar que al frente hay alguien que necesita ser visto, no solo medido. Sostener al otro en una conversación, aunque no avance en el proceso, puede permitirle verse a sí mismo de una manera nueva, entenderse, y desde ahí, incluso transformarse.
Hay una máxima de la terapia narrativa que dice que “el experto en ti mismo eres tú”. En este caso, el entrevistador no es el protagonista. Es un medio para que el otro, el postulante, pueda mostrar quién es, qué lo moviliza, cuál es su propósito.
Cuando eso logra aparecer, la entrevista ya generó valor. Independientemente del resultado.
Hoy soy parte de un equipo que cree que acompañar y sostener los procesos, de clientes y postulantes por igual, no es un valor agregado.
Es el trabajo mismo.
Si crees que este enfoque hace falta en más espacios, conversemos


