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El esfuerzo que solo es posible juntos

El esfuerzo que solo es posible juntos

Hace poco me tocó liderar el cierre de una etapa de un proyecto que nos dejó algo para celebrar como equipo: alcanzar una meta que, al principio, parecía casi imposible de cumpliren el plazo que teníamos por delante. Una meta exigente, de esas que ponen a prueba nosolo la capacidad técnica, sino la energía, la atención sostenida y la capacidad deconectarse genuinamente unos con otros.

No fue un logro personal ni de un equipo aislado. Fue el resultado de un grupo importante de personas moviéndose en la misma dirección, al mismo tiempo, sosteniendo el esfuerzo durante semanas exigentes, cada una desde su rol. Ninguna de esas partes, por sí sola, podría haber llegado hasta el final. Juntas, lo hicieron posible.

Vale la pena detenerse ahí, porque es fácil dejar pasar un logro así sin nombrarlo del todo. Requirió que muchas personas, con roles y urgencias distintas, confiaran en que su parte del trabajo importaba para el resultado final, y sostuvieran esa confianza incluso cuando el cansancio empezaba a asomar, las exigencias individuales apremiaran y el plazo apretaba de verdad.

Y hay algo que vi de cerca en este proceso y que vale la pena nombrar con todas sus letras,porque fue quizás lo que más hizo posible este logro. Cada persona, con una intensidad y frecuencia distinta, asumió temporalmente un rol adicional al de sus exigencias diarias, haciéndolo de manera genuina, porque entendimos con claridad qué estaba en juego, y eso nos unió en un mismo propósito por encima de la función que cada uno tiene asignada en el papel.

Eso es lo que aprendí en el camino. El logro no dependió solo de que cada quien hiciera bien su parte, sino de que varios estuvieron dispuestos a apoyar también la parte de otro cuando hizo falta. Ese tipo de gesto no se diseña ni se decreta. Ocurre cuando un equipo comparte un propósito con la suficiente claridad como para que cada persona decida, por cuenta propia, hacer un poco más de lo que le correspondía.

Reconocer no es solo celebrar el resultado. Es honrar el camino. Decir qué costó, quién sostuvo qué, y también nombrar esos roles adicionales que se asumieron igual. Ese ejercicio de mirar hacia atrás con atención es lo que transforma un logro puntual en una capacidad instalada. Sin él, cada meta desafiante se vuelve una hazaña aislada. Con él, se vuelve una forma de trabajar que la organización puede volver a convocar cuando lo necesite.

Ese mismo principio, a otra escala, es el que sostiene a cualquier organización que realmente funciona.

Dentro de una empresa puede ocurrir algo parecido cada vez que se logra una meta ambiciosa y desafiante. Rara vez es el mérito de un área o de una persona que «se lució» en solitario. Casi siempre, mirando de cerca, hay alguien que salió un momento de su rol formal para sostener algo que le importaba al conjunto. Y muchas veces, ese logro se celebra menos de lo que merece. La organización sigue adelante sin haberse detenido a entender qué fue lo que realmente funcionó, y sin ver que alguien, en algún momento, hizo más de lo que su cargo indicaba. Esa prisa por avanzar tiene un costo silencioso. La organización repite éxitos sin saber bien por qué ocurrieron, o no logra potenciar esas capacidades frente al próximo desafío.

Celebrar no solo el resultado, sino la conexión que lo hizo posible. Nombrar qué permitió que tantas personas distintas movieran su energía en una misma dirección, y quién salió de su rol formal para sostener al equipo cuando hizo falta. Ese tipo de aprendizaje, el cómo se logró y no solo qué se logró, es lo que una organización puede llevarse consigo para el próximo desafío.

Las organizaciones que de verdad crecen en el tiempo no son las que más metas cumplen. Son las que aprenden a mirar hacia atrás con honestidad, y convierten ese aprendizaje en una forma más consciente de conectarse la próxima vez.

Así que, si tu equipo o tu organización acaba de lograr algo exigente, no lo dejes pasar. Reúne a las personas que lo hicieron posible y pregúntales, en serio: ¿qué fue lo que nos permitió llegar hasta acá, y quién hizo más de lo que le correspondía sin que nadie se lo pidiera? Ese ejercicio, tan simple como pocas veces se hace, es quizás el gesto más potente que puede tomar cualquier equipo que quiera seguir creciendo, no a pesar de sus desafíos, sino gracias a lo que aprende de ellos.

¿Qué logro de tu organización no se ha detenido a celebrar y aprender todavía?

Alfredo Silva Energici

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