Singulares

El café pendiente y el compromiso de no dejar de ver.

El café pendiente y el compromiso de no dejar de ver.

Cada mañana, antes de que el mundo empiece a girar a toda prisa, abro mi LinkedIn y me encuentro con una realidad que me conmueve: decenas de mensajes, historias de vida y sueños que buscan un lugar donde aterrizar. Son personas que me piden «solo 15 minutos», un café o una oportunidad para contarme quiénes son más allá de un archivo PDF.

A veces, les confieso, cierro la pantalla con algo de angustia.

Como psicóloga, mi primer impulso es decir «sí» a cada invitación, sentarme a escucharlos y entrar en ese corazoncito que hoy está en pausa, esperando una señal. Pero la realidad de mi trabajo me pone frente a una verdad difícil: el tiempo es finito y mi responsabilidad con los procesos de mis clientes me exige una entrega absoluta.

Hace unos días, esa sensación de impotencia se transformó en una lección.

Recibí un mensaje de un profesional que llevaba meses buscándome. No era una exigencia, era un susurro de esperanza. En ese momento no tenía una vacante para él, ni el tiempo para ese café que tanto me pedía. Pero me detuve. No pude darle los 15 minutos, pero le di una mirada real a su trayectoria y le respondí con honestidad, validando su espera.

Semanas después, surgió ese “match cultural” casi mágico que tanto buscamos. Cuando por fin nos sentamos a conversar, él me dijo algo que no olvidaré: «No me importó esperar, Carolina, porque en tu respuesta sentí que, aunque no nos habíamos visto, tú ya sabías quién era yo».

Ese día comprendí que mi labor no es solo «entrevistar». Mi labor es:

“Honrar la experticia”, recordando que, aunque hoy no pueda hablar contigo, eres el experto en ti mismo y tu valor no disminuye por un mensaje no respondido.

“Ser una traductora de anhelos”, conteniendo al cliente que busca un aliado y, al mismo tiempo, proteger el sueño del candidato para que no se apague en la incertidumbre.

“Aceptar mis límites con amor”, entendiendo que no puedo tomarme todos los cafés, pero sí puedo asegurar que cada proceso que lidero sea un espacio de dignidad y respeto profundo.

Como bien dice nuestra Directora de Selección en Singulares, “los sueños sí se cumplen en el trabajo”, pero para que se cumplan, a veces necesitamos que alguien, desde el otro lado, “esté cuidando el fuego aunque todavía no sea el momento de la reunión”.

A ti, que me escribes y que estás en la dulce (y a veces amarga) espera: “no eres invisible”, mi trabajo es que el día que por fin nos tomemos ese café, sea porque encontré el lugar exacto donde tu propósito y el de una empresa están listos para florecer.

Mientras tanto, sigo aquí, mirando más allá de los datos, cuidando cada historia y agradeciendo la confianza que depositan en mis manos.

Carolina Ibáñez

Comparte este contenido:

Otros artículos que pueden interesarte: