Creo que está de más decir que cuando un cliente contrata consultoría está buscando transformar algún aspecto de su organización. Todos coincidimos en que el objetivo es poder impulsar cambios que impliquen una mejora en los resultados del negocio, ya sea de forma directa o indirecta, ¿verdad?
Estuve hace poco conversando con uno de los directores senior con los cuales trabajamos en nuestros programas de profesionalización, gobiernos corporativos y optimización de procesos. Era un encuentro casual, para conocer más su trayectoria. En eso desliza, sin ninguna intención en particular, una frase que me quedó resonando mucho, porque resumía muy bien un fenómeno que veo repetirse en muchas empresas: “sin capital social nada florece”.
Conecto eso con un caso que me tocó muy de cerca. Una empresa corporativa (con todo lo que eso significa) del rubro productivo, altamente orientada al resultado y con una cultura muy “política” en su forma de relacionarse. Por otro lado, una ejecutiva inteligente y ambiciosa, con ganas de transformar la gerencia que le entregaron. Demás está decir que esta relación laboral no funcionó. ¿Qué falló? Esta persona no sabía moverse en espacios políticos, sólo quería avanzar, y no se daba cuenta que sin construir ese capital social, no podría lograr los resultados que con tanto esfuerzo trataba de conseguir. Y es que efectivamente, nada florece si no invertimos primero en las relaciones.
Parece cliché la frase de “las organizaciones están formadas por personas”, pero hasta el día de hoy me encuentro con muchos clientes que siguen poniendo su foco únicamente en la parte “dura” de los negocios y contratan consultoras que ofrecen una solución técnicamenteperfecta. Sin embargo, vemos que muchas veces esas soluciones quedan guardadas en carpetas, luego de haber fracasado en su implementación.
Es como si no dimensionáramos realmente lo que implica que “las organizaciones estén formadas por personas”. Los cambios requieren ser gestionados desde lo técnico y desde lo adaptativo para que realmente se materialicen en las prácticas y cultura de una organización. La una sin la otra están destinadas a fracasar.
Acá quiero compartirte un juicio que traigo conmigo y que me ha costado mucho desarticular (aún me aparece de vez en cuando y de cuando en vez): “somos todos adultos y esto es pega, deberíamos poder….”. Completa tú esos tres puntitos. Creo que más de uno se va a sentir identificado con esa frase. Yo era del team al que tenían que “obligar” a tomarse “cafecitos” con sus pares, acción en la cual yo sentía que perdía mi valioso tiempo.
Bueno, resulta que ese juicio se conecta directamente con la frase de este director. Si vamos por la vida creyendo que esto es “pega” y esperando que los demás actúen de la misma manera que uno lo haría, va a ser muy difícil construir todo el capital social que necesitaremos para empujar los resultados que buscamos y, por tanto, nada florecerá.
Si pudiera darte algunos consejos para que tus grandes proyectos tengan cabida y éxito, te diría:
- Diseña mecanismos formales que te permitan levantar y comprender “la voz del empleado”(Voice of the Employee). Esto a veces le genera mucha resistencia a los altos ejecutivos porque creen que es sinónimo de “compartir el poder”. Créeme que lejos de generar eso, puedes terminar obteniendo grandes aliados. Hacer de esto un hábito cultural y no una práctica puntual genera credibilidad y confianza.
- Tómate muchos cafés. En el contacto social con el otro se mueve el sistema, en esas conversaciones pasan cosas que en la virtualidad o en la relación puramente transaccional no va a ocurrir nunca. Y si eres del team “eso me hace perder tiempo”, míralo como un depósito a plazo (en un fondo de cero riesgos), porque sí o sí te traerá ganancias. Te sorprenderás, con el tiempo, cómo vas cambiando tu percepción de estos espacios, viendo el valor que te aportan a ti y al negocio.
- Establece dos rutas paralelas en tus proyectos: la técnica y la adaptativa. Ambas deben tener su estrategia, sponsor, hitos, ejecutores, plazos y kpi. Ambas deben ser monitoreadas y controladas.
Sin duda hay muchas más recomendaciones, pero por ahora quiero dejarte solo con esas tres, porque como decimos en Singulares: menos, es más.
Y si este tema resonó contigo, te invito a que nos tomemos un café. Las mejores conversaciones sobre transformación organizacional suelen comenzar exactamente así.


